Clarin Chile
Antes del pleito de este domingo, la casi totalidad de las encuestan daban como ganador al presidente Lula da Silva -aunque por un estrecho margen-, en torno de dos o cuatro puntos porcentuales. Con el 100 por ciento de los cómputos escrutados ya en la madrugada, esta situación se invirtió y aparece Flavio Bolsonaro con un 47,03 por ciento de los votos, frente al actual mandatario que obtuvo un 45,16 por ciento, es decir, poco menos de 2 puntos de diferencia.
Estos datos representan una sorpresa
evidente, no obstante, no implican una catástrofe incontrarrestable. Las
estrategias que surgen en primera instancia se orientan a obtener el voto otros
tres candidatos (Cury, Santos y Caiado), que juntos obtuvieron el 7,31 por
ciento de los sufragios. Indagaciones recientes revelaron que muchos de los
electores de esos 3 candidatos derrotados se inclinarían por Flavio Bolsonaro,
aunque la mayoría de ellos poseen una fuerte resistencia o rechazo a los dos
candidatos que continúan en la disputa presidencial.
Por lo mismo, el verdadero trabajo para
construir una mayoría en la segunda vuelta debe orientarse hacia quienes
anularon, votaron en blanco y, especialmente, hacia quienes no comparecieron a
las urnas. Estos últimos superan el 20 por ciento de los electores, lo cual
suma más de 33 millones de votantes. Es un conjunto considerable de personas
que es ineludible convencer en tres semanas, personas que desistieron de la
idea de que su voto puede hacer la diferencia para mejorar sus condiciones y su
calidad de vida.
Va a ser una lucha titánica sacar a estos
millones de potenciales electores de su pasividad y revertir su decepción con
la política y su ausencia de credibilidad en la participación ciudadana, pero
es un esfuerzo urgente y necesario que va a ser asumido desde ahora por el
equipo y los apoyadores del presidente Lula. La misma noche de la contienda y
después de conocerse los resultados, Lula declaró que “El resultado es muchas
veces inesperado, confieso de que estaba convencido de que iría a ganar en la
primera vuelta, pero eso ya sucedió en otras ocasiones. A partir de mañana
comenzaremos una nueva campaña, una campaña apenas entre dos candidatos, donde
podremos mostrar la diferencia entre las propuestas que existen para Brasil”.
Dependiendo de la disposición y del trabajo
que se despliegue en estas próximas semanas es probable que Lula da Silva
consiga su cuarto mandato al frente de los destinos del país. Sin embargo, de
ganar la elección, su mayor desafío seguirá siendo como lidiar con un Congreso
tomado por la extrema derecha. En efecto, el Partido Liberal, del clan
Bolsonaro, consiguió elegir a 19 senadores, que se suman a los 9 que
permanecen. Otros partidos de extrema derecha (Novo) y de derecha (Unión
Brasil, Republicanos, PP o PSD) ocuparán otras 28 sillas en el Senado, creando
una mayoría confortable de más de dos tercios entre los 81 senadores. En la
Cámara de Diputados, la situación es parecida, con una expresiva presencia de
los partidos de extrema derecha y de derecha a partir de 2027.
Con el desplazamiento del poder desde el
Ejecutivo hacia el Legislativo, utilizando para ello los mecanismos de las
enmiendas parlamentarias y los fondos partidarios basados en el resultado de
las elecciones, la tendencia será que los partidos del espectro de ultraderecha
tendrán mayor autonomía para consolidar su vida política y financiera, pudiendo
chantajear con mayor vigor al gobierno Lula, en caso de ser reelecto. Un
escenario nefasto que ha llevado incluso a algunos analistas a señalar que el
Presidente Lula se debería proteger de este futuro complejo y desistir de su
empeño para obtener un nuevo mandato.
Obviamente que la cuestión no es así tan
fácil de resolver y esa decisión tampoco pasa por una decisión personal, como
lo ha señalado el propio presidente Lula. En estos momentos Brasil y México son
los únicos países capaces de liderar la contención a la arremetida de una
derecha neofascista que asola al continente. Si la situación actual es
dramática, un triunfo del bolsonarismo en Brasil acabará con cualquier
manifestación de soberanía y autonomía por parte de nuestros países, que se
vienen doblegando abyectamente a los caprichos de Trump y sus secuaces. Con
todas las dificultades en el horizonte, el pueblo brasileño que todavía cree en
la democracia y en la independencia deberá aumentar sus esfuerzos para salir
triunfante este próximo 25 de octubre. De lo contrario, tiempos aún más
sombríos se abatirán sobre nuestra región.
*Doctor en Ciencias Sociales. Editor del Blog Socialismo y Democracia.

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