El Clarin (Chile)
La disputa electoral para elegir Presidente este 2026 en Brasil, debe mantener el guion que se ha venido dibujando hasta ahora, con Lula da Silva concentrando el apoyo de las fuerzas de izquierda y centro izquierda, por un lado, y Jair Bolsonaro –actualmente preso en la Sede de la Policía Federal en Brasilia- manteniéndose como la principal referencia de la derecha y extrema derecha. En donde la derecha tradicional ha sido fagocitada por los sectores radicalizados del bolsonarismo, lo cual impide la emergencia de una tercera vía competitiva que pueda unir a una derecha democrática con los conglomerados más de centro (algunos partidos del llamado centrão), que optaron por rendirse ante la arremetida ideológica regresiva de la ultraderecha y la corrupción sistémica del sistema partidario, es decir, ante el uso de la máquina del Congreso para obtener beneficios económicos con las enmiendas parlamentarias.
Efectivamente, el
bolsonarismo tuvo éxito en la pulverización de la derecha moderada y
democrática, pero fracasó rotundamente en el boicot de la urna electrónica, en
la derrota de las elecciones en 2022, en la posterior intentona de Golpe de
Estado y el año pasado, en la influencia para que el gobierno Trump aplicara
medidas legales y económicas con la finalidad de que Bolsonaro y sus cómplices
no fueran condenados por la justicia brasileña.
En pocas palabras, el
horizonte más previsible hasta ahora es la reelección del Presidente Lula para
su cuarto mandato (Lula 4.0). Sin embargo, a pesar de su ventaja electoral
corroborada en diversos estudios de intención de voto, la gestión del actual
presidente ha tenido enormes dificultades para llevar adelante su programa,
debiendo hacer frente a todas las arremetidas de un Congreso dominado por la alianza
entre una extrema derecha evidentemente golpista coludida con una derecha
oportunista y corrupta.
El próximo 8 de enero
se rememora una fecha simbólica en que hace 3 años las fuerzas del bolsonarismo
intentaron asestar un Golpe de Estado. Como se recordará, ese día grupos de
extrema derecha que se encontraban acampados fuera del Cuartel General del
Ejército en Brasilia avanzaron hasta la Plaza de los Tres Poderes e invadieron
y depredaron las dependencias del Ejecutivo (Palácio do Planalto), el Congreso
Nacional y la sede del Supremo Tribunal Federal (STF). Estas verdaderas tropas
de choque adoctrinadas fueron destruyendo todo a su paso, con el propósito de
que el presidente Lula recién asumido en su cargo, dictara una ley
extraordinaria para garantizar el restablecimiento de la paz y el orden, autorizando
a las Fuerzas Armadas a intervenir como Poder moderador en esa coyuntura.
Tres años después de
esos acontecimientos, todos los miembros del denominado “núcleo crucial” ya
tuvieron sus condenaciones confirmadas por el STF. Este grupo es así llamado por
incluir a los principales responsables de la trama golpista. De los ocho
integrantes de este núcleo crucial, seis se encuentran presos y deberán pasar
los próximos años en la cárcel, de no existir alguna medida extrajudicial o un
indulto presidencial. Con la reciente prisión de Filipe Martins, ex asesor de
la Presidencia, el número de presos de los cuatro núcleos (Crucial; Estratégico;
Planificación; y Desinformación) condenados por el STF llega a 29 personas,
siendo que 23 de ellos se encuentran ya en régimen cerrado (15) y el resto en
prisión domiciliaria (8).
Por su parte, a mediados de diciembre del año pasado, la Cámara de Diputados y el Senado aprobaron el Proyecto de Ley para disminuir las penas de todos los involucrados en la tentativa de Golpe, pero ya se sabe que el Presidente Lula debería vetar en su totalidad la propuesta de “dosimetría” aprobada en el Congreso. Se aguarda que Lula firme el decreto con su veto a dicho proyecto de ley este 8 de enero, una fecha simbólica para corroborar la defensa del Estado Democrático de Derecho y el respeto a la Constitución de la República.
El contexto regional
El ataque que acaba
de perpetrar Estados Unidos a Venezuela, profundiza las contradicciones
políticas y electorales con el bolsonarismo y miembros de partidos de derecha
que ven en esta intervención una buena oportunidad para atacar los lazos que
históricamente ha mantenido la izquierda y el presidente Lula con iniciativas
como el Foro de Sao Paulo, que siempre mantuvieron un espacio de diálogo con Hugo
Chávez y, últimamente, con Nicolás Maduro.
En esta oportunidad,
el sitio oficial del Presidente Lula difundió una declaración, pocos minutos
después de conocerse los sucesos de Venezuela: “Los bombarderos en territorio
venezolano y la captura de su presidente ultrapasaron una línea inaceptable.
Estos actos representan una afronta gravísima a la soberanía de Venezuela y,
sobre todo, un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad
internacional.”
A pesar de esta declaración
indispensable, hasta ahora el apoyo del Presidente Lula al régimen de Venezuela
le venía provocando un fuerte desgaste a la izquierda en disputas electorales pasadas.
Y ahora, la derecha visualiza esta arremetida contra el “eje comunista del mal”
como una oportunidad inmejorable para dar vuelta el escenario electoral en los
próximos meses.
De hecho, la
tolerancia de Lula con el régimen de Venezuela y la interpretación de que el
secuestro de Maduro es el presagio de nuevos tiempos con vistas a las
elecciones de octubre, es un argumento que ha sido rápidamente esgrimido por
los posibles candidatos de la oposición de derecha y extrema derecha (Eduardo
Leite, Tarcísio de Freitas, Ratinho Junior, Romeu Zema, Ronaldo Caiado, Flavio
y Michelle Bolsonaro).
Sin embargo, las
cuentas alegres que –apresuradamente- saca el bolsonarismo y la derecha, pueden
verse frustradas, pues una acción más agresiva o una ocupación militar directa del
país vecino por Estados Unidos -con el objetivo explícito de explotar sus
recursos naturales en hidrocarburos-, puede generar un rechazo contundente por
parte del pueblo brasileño que entiende que los temas de soberanía son
innegociables.
Hasta hace muy poco,
las encuestas de opinión realizadas con relación al aumento unilateral de las
tarifas por parte del gobierno de Trump, constataron que la gran mayoría de la
población de Brasil rechazó vehementemente tales medidas considerándolas una fragrante
violación a la soberanía del país y una intervención externa grosera que
comprometía el desarrollo de la Nación. Consecuentemente, el papel negociador
del gobierno en esta crisis mejoró la evaluación de la actual administración,
situación que se mantiene hasta ahora.
Un punto relevante a
ser tomado en cuenta, podrían ser los efectos concretos que una baja
considerable en la producción de petróleo en Venezuela tendría sobre el aumento
en el precio internacional del crudo, alza que puede instalar nuevos obstáculos
para el buen desempeño de la economía interna. Considerando que el peso de Venezuela
en el total de la producción mundial viene disminuyendo desde hace más de una
década, es esperable que su impacto sobre el precio global del petróleo no sea
relevante.
Por su parte, a esta
altura parece claro que el gobierno norteamericano va a tratar de intervenir en
las elecciones de Brasil, aunque considero que, si la izquierda refuerza el
discurso en defensa de la soberanía, los intentos por manipular el resultado
electoral no tendrán efectos significativos en las decisiones de los votantes. Por
lo mismo, todo parece indicar que, de no existir grandes turbulencias o
catástrofes en los meses siguientes, la candidatura del actual presidente
mantendrá su favoritismo, dibujándose un cuarto mandato que, con todas sus
complejidades y sinuosidades, mantiene a Lula como una opción electoral difícil
de ser derrotada.

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