El Clarin (Chile)
Las encuestas de
opinión electoral de los últimos meses están confirmando el triunfo de Lula
tanto en la primera como en la segunda vuelta. La tendencia es que esta
preferencia del electorado brasileño se siga robusteciendo, sobre todo después
de la conducta errática que demuestra Flávio Bolsonaro con relación a temas
relevantes para los ciudadanos de este país.
En su reciente viaje
a Washington, el candidato de la extrema derecha tuvo una participación lamentable
frente al Escritorio de la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR),
exponiendo en un breve discurso que no sería conveniente que el gobierno de
Donald Trump aplique sus alzas tarifarias al Brasil antes de las elecciones,
pues ello acabaría beneficiando la candidatura del actual presidente Lula da
Silva.
El absurdo de este discurso, es que la mayoría de los electores saben que fue el propio Flávio y su hermano Eduardo Bolsonaro, quienes sugirieron la aplicación de mayores tarifas al gobierno de Lula como una manera de presionar al Poder Judicial para que dejara sin efecto la condenación contra su padre, Jair Bolsonaro. Usando los datos de algunas empresas de estudios de opinión, Flávio señala que Lula estaría ampliando su ventaja cada vez más sobre él, en función de la aplicación de las nuevas tarifas anunciadas por la administración norteamericana.
Entonces, el senador
sugiere que el gobierno Trump sería el principal culpable de su declinio
sistemático en las preferencias de los electores brasileños en los meses recientes.
Y ahora desea aparecer como el mentor de una solución al problema tarifario que
el mismo ha creado, junto con su hermano y un grupo de lobistas brasileños
radicados en Estados Unidos. En síntesis, el argumento del hijo mayor de
Bolsonaro no es que el aumento de las tarifas sea negativo porque compromete la
economía y el intercambio comercial de Brasil, sino que es nefasto porque está
ayudando a que Lula se reelija para un cuarto mandato.
Además, en su discurso de Washington, Bolsonaro le achaca al gobierno brasileño todos los males y desafectos creados entre ambos países, como parte de un proyecto para desprestigiar a las instituciones de Estados Unidos. Entre las iniciativas “agresivas” de Brasil, estaría la defensa del etanol o las disputas creadas en torno a la existencia del sistema de pagos alternativo (Pix), elaborado por técnicos del Banco Central hace años atrás. También entran en estas desavenencias la regulación de las big techs, las que, en rigor, han sido aplicadas fundamentalmente por la Justicia brasileña y no por la actual gestión del presidente Lula. La impostura sobre estas cuestiones por parte de un oportunista Flavio Bolsonaro es tan fragrante, que una mayoría significativa de los ciudadanos ven en estas acusaciones un simple “volador de luces” que busca camuflar los casos de corrupción que involucran al clan Bolsonaro con las estafas del Banco Master y las estrechas relaciones entre Flavio con su dueño, el empresario Daniel Vorcaro, actualmente en un presidio Federal (Flavio Bolsonaro, el desplome de un corrupto).
Misoginia bolsonarista compromete campaña de Flávio
La apuesta del
bolsonarismo por captar la adhesión de gran parte del mundo evangélico se
asentaba en el presupuesto básico de que los llamados “creyentes” se inclinan
preferencialmente por candidatos conservadores y escasamente votan por
representantes de la izquierda. Lo cierto es que dicha apuesta simple y directa
le ha dado frutos electorales, hasta ahora, a los grupos de extrema derecha que
dicen enarbolar las banderas de defensa de los valores basados en la triada Dios,
Patria y Familia.
Sin embargo, las
disputas al interior del bolsonarismo, entre la ex primera dama, Michelle, y el
hijo primogénito del patriarca de la familia Bolsonaro, han venido mermando
sostenidamente el apoyo del candidato Flávio. Las declaraciones misóginas del
senador y algunos de sus asesores provocaron la ruptura dentro del clan, y la
propia Michelle Bolsonaro ha acusado recientemente al hijo mayor del ex capitán
de despreciarla públicamente, no tomar en cuenta sus opiniones y boicotear sus
políticas de alianzas en los diversos reductos electorales existentes a lo
largo del país.
Las afirmaciones de
un importante asesor de Flavio Bolsonaro que reside en Estados Unidos, Paulo
Figueiredo –nieto del último dictador militar Joao Batista Figueiredo- puso más
leña en esta embestida misógina de la extrema derecha. Según él, las mujeres no
saben votar o votan muy mal, especialmente las solteras que no están bajo el
alero y la influencia de los maridos que orientarían oportunamente a las
mujeres casadas para votar mejor. Estas ideas se inspiran en viejas premisas
planteadas por un pastor pentecostal norteamericano, Doug Wilson, defensor del denominado
“patriarcado bíblico”, quien señalaba que el voto individual debería ser
substituido por el voto domiciliar, es decir, el voto debería ser emitido por
el conjunto de la familia liderada por el marido.
Esta norma que parece
anecdótica y extemporánea en nuestra época, es asumida bizarramente por parte
de esa derecha retrógrada que desea ver a las mujeres todavía dedicadas
exclusivamente a tareas de la casa y la reproducción, ocupando un papel
subalterno y decorativo dentro del hogar. El bolsonarismo aspira a que las
mujeres sean aquel sustento dócil, recatada y obediente que apoya
incondicionalmente a los hombres que toman las decisiones, aunque dichas decisiones
sean completamente erradas. Esta teología patriarcal no busca más que mantener
el sometimiento de las esposas y garantizar el predominio sin contestación de
la dominación masculina. El proyecto es tan atrasado que hasta una fuerte
adherente al mundo pentecostal y conservador como Michelle Bolsonaro, encontró
que estaba siendo tratada con menosprecio y falta de respeto.
El video que difundió
Michelle en las redes sociales cayó como una bomba en el Partido Liberal, al
cual pertenece, y fue presionada para renunciar a su cargo de presidenta del PL
Mujer. Este puesto le había permitido obtener mayor protagonismo en la política
brasileña, poniendo en riesgo los intereses electorales de Flávio en estas
elecciones y comprometiendo su liderazgo como el heredero legítimo del espolio
electoral de Jair Bolsonaro. Las huestes bolsonaristas que destilan su odio en
las redes sociales han llamado a Michelle de “fanática feminista”, cuando ella se
ha definido durante toda su trayectoria pública como una mujer conservadora, obediente
y sierva de Dios.
Los ataques recibidos
por Michelle después de la difusión del video fueron respondidos por una onda
de solidaridad por parte del mundo evangélico y del electorado femenino, lo
cual debería disminuir aún más el apoyo a Flavio Bolsonaro en estos segmentos
de votantes en la próxima contienda. Es decir, la estrategia errática del
candidato Flavio y las divisiones internas de su base política, sumada a las
diversas cuentas pendientes que posee con la justicia brasileña (rachadinhas, vínculo
con milicianos, caso Banco Master), diseña un escenario cuesta arriba para el
representante de la derecha en la recta final del pleito electoral.
Sin un programa claro de gobierno, sus participaciones en la esfera pública se han reducido a la defensa de su padre y a presentarse como una víctima de los intereses políticos de una izquierda radical, en una narrativa poco convincente, excepto para el bolsonarismo raíz. Pensando a nivel nacional, muy poco para un aspirante a presidente. Por estos y otros motivos, consideramos que, de no suceder algo extraordinario en los próximos dos meses, la tendencia hacia la reelección del actual presidente Lula se va afianzando cada vez con mayor contundencia.

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